El príncipe gato y la batalla contra el espectro de los sueños

EL PRINCIPE GATO ANITOH – CAPITULO II

LA BATALLA CONTRA EL ESPECTRO DE LOS SUEÑOS.

Anito -Miau, miau, miau, miau, miauuu. –dijo la gata blanca de los ojos de dos colores.
-¿De verdad, miau? –preguntó Anitoh.
-¡Miau! –le respondió poniendo énfasis en la “i”.
-Bueno, Blaquih, esperemos que llegue la gata loca. ¡Miau, ahí viene, justo, miau!
La gata loca no tenía nombre, pero se había ganado ese apodo por su manía de dormir debajo de los carros, sobre el sucio empedrado en vez de aprovechar las comodidades del hogar de su compañera humana. Llegó más sucia que nunca y el barro opacaba sus colores blanco y naranja.
-¡Llegaste a tiempo, Blaqui nos avisó que hay un ser espantoso de casi tres metros de altura que se instaló en la casa de su humano holgazán, miau!
-¿Ya lo infectó? –preguntó la gata loca.
-Así parece, se la pasa durmiendo, no tiene fuerzas para levantarse. Nuestra amiga silvestre intentó espantarlo pero es muy fuerte y está empezando a enfermarla a ella. ¿No es cierto, Blaqui?
-Miau… -respondió la gata blanca impotente.
-Miau, que valiente, menos mal que vino a pedirnos ayuda, eso no es trabajo para un solo gato, mucho menos para uno común, miau.
-Bueno, vayamos a su casa y echemos a dormir ahí cerca de su humano.
Cuando llegaron a la vivienda de Blaqui, un frío gélido atravesó a todos los gatos y se les erizaron los pelos al unísono. El humano estaba hojeando un libro y Blaqui saltó hacia su pecho.
-¡Mi querida gatita, has regresado! Pensé que me habías abandonado o te había pasado algo. –dijo enternecidamente y ella empezó a ronronear. -¿Y esos dos? ¿Trajiste nuevos amigos?
-¡Hola humano! ¿Cómo te llamas? –preguntó Anitoh haciendo una gentil reverencia.
-Mi nombre es Pilef, ¿en qué puedo servirlos?
-¡Mucho gusto, Pilef! Mi nombre es Anitoh y la otra gata se llama la gata loca. Vinimos a visitarte porque Blaqui nos pidió ayuda, dice que estás muy enfermo. ¿Hace mucho tiempo estás así en cama, miau?
-Hace cuatro o cinco lunas, ya he perdido la noción del tiempo. Y hace varios días que ya ni pruebo un bocado.
-¿No has pedido ayuda a ningún Bardo?
-Trabajo en la Casa de una guardia roja, no quiero que ella tenga problemas con la Matriarca…
-Ya veo, miau… En fin, parece que tienes un huésped muy indeseable pero no logramos verlo. Si nos das permiso, dormiremos contigo y te acompañaremos en tu sueño y veremos qué podemos hacer, miau…
-¡Muchas gracias noble felino! Ya mismo pensaba seguir durmiendo, así que acomódense sobre la cama que hay lugar para todos…
Pronto Pilef quedó dormido y su consciencia abandonó su cuerpo y se trasladó a su piel onírica. Allí ya estaban esperándolo Anitoh, Blaqui y la gata loca. El cuarto en el espacio de los sueños era idéntico al del mundo visible pero un poco más amplio y sombrío. Al ver a los tres felinos, se mostró un poco confundido. Anitoh saltó sobre su pecho y lo escupió como pudo en su rostro y mirándolo fijamente le dijo:
-Respira hondo, concéntrate en mis ojos, no te vayas a despertar, necesitamos que nos guíes.
Cuando el humano tomó consciencia de estar soñando, sintió enorme alivio al verse rodeado de tan buena compañía. Blaqui se veía más desaliñada que en su forma visible y parecía estar lastimada.
-¡Blaqui! ¿Qué te ha pasado? ¿Estás herida?
-¡Amado hermanito, no te preocupes por mí, desde ahora ya no lucharemos solos!
-¡Hablas como un gato parlante! ¡Qué emoción!
-¡Claro, miau! En este mundo todos los gatos podemos hablar, pero eso antes era un secreto y su recuerdo no podía pasar a tu mundo. ¡Pero estando en medio de dos gatos parlantes aniledenses, qué más da! –le respondió Blaqui simulando una pequeña y sonora risa.
-¡Miau, vamos ya mismo a buscar a ese intruso antes que tu humano se siga emocionando y despierte! –advirtió la gata loca.
-¿Tienes idea donde podemos encontrarlo? –preguntó Anitoh.
-A veces viene aquí mismo y salta sobre mi cuerpo y trata de estrangularme… -dijo Pilef con pesadumbre.
-¿De veras? –dijo la gata loca alarmada. -¡Eso no es un simple fantasma! ¡Ahora veo porqué Blaqui está en ese estado calamitoso!
-¡Miau! –exclamó Anitoh.
-¿Tan grave es? –preguntó Pilef preocupado.
-No te asustes, esto no es nada para un príncipe de los gatos… -respondió Anitoh sin poder disimular su incomodidad.
El humano se levantó entonces de la cama y fue caminando somnoliento fuera de su dormitorio. Empezó a dar vueltas sin tumbo hasta que se paró frente a una puerta vieja con la pintura descascarada. Se quedó allí parado unos instantes sin decir nada y luego abrió el picaporte. La oscuridad que se coló a través de la puerta bajó la temperatura bruscamente.
-Ya se ha dormido de nuevo… -dijo Blaqui. –Aquí es donde empieza a descender escaleras y se mete donde no hay que meterse… -suspiró.
-Este lugar es horrible, miau. ¿Es prudente que bajemos con él? –preguntó la gata loca con temor.
-Yo nunca lo dejaré ahí solito… -dijo Blaqui suspirando.
-Vamos, ustedes quédense detrás de mí… –dijo Anitoh respirando hondo.
Siguieron entonces a Pilef peldaños abajo y pronto se encontraron en una habitación enorme llena de humanos andrajosos y enfermos. La mayoría estaba echada sin más sobre el suelo húmedo, otros estaban sentados y balanceando sus cabezas y unos pocos iban de pie, cabizbajos, perdidos en sí mismos. Ninguno pareció notar la presencia de Pilef o los gatos. La gata loca se estremeció al presenciar tanta desdicha y se puso lo más pegada que podía al lado del príncipe gato. Blaqui avanzaba con resignación, ya conocía ese lugar de antes y sabía lo que la esperaba más adelante. Pilef entró entonces un salón mucho más grande y en el camino se cruzaron con tres gigantes vestidos con casacas de antiguos soldados coloniales pre aniledenses. Ninguno de ellos tampoco pareció prestarles atención. Finalmente, un fantasma demacrado con un delantal amarillento de médico se acercó hacia Pilef y le dijo:
-¡Se ha escapado de nuevo! Ten la horquilla, vamos a buscarlo.
-¿A dónde está?
-En el sótano inundado, sígueme…
Pilef siguió al anciano sujetando con firmeza la horquilla y los gatos los siguieron sigilosamente sin interrumpirlos.
-¿Conoces el lugar a dónde vamos? –preguntó Anitoh a Blaqui.
-Sí, miau… Hay que bajar con cuidado una escalerita de madera toda podrida. Por la mitad hay un descanso y allí siempre brota una bruja anciana que sólo se le ve de la cintura para arriba. No es peligrosa, pero el fantasma siempre la pisotea para poder avanzar. Más abajo hay como un río subterráneo de aguas pestilentes… No se les ocurra meterse allí porque de ese lugar no se vuelve, miua…
-¡Estoy loca pero no tanto como para lanzarme al agua de ningún tipo! –dijo la gata loca.
Pilef llegó hasta el descanso de la angosta escalera y tal como anticipara Blaqui, una forma espectral comenzó a brotar de la madera podrida y la forma de una anciana bruja se materializó hasta la cintura y empezó a achillar y agitar sus brazos. Pilef se detuvo y el fantasma que lo guiaba, mirándola con fastidio, la pisó varias veces hasta que volvió a hundirse y desaparecer.
-¡No tienes que estar aquí, vieja! Vamos, ya casi llegamos. –dijo el médico fantasma.
Al terminarse la escalera, un gran río de aguas negras y pestilentes se reveló bajo un gran techo de maderas oscuras y pegajosas de donde colgaban pequeñas farolas que apenas iluminaban el espacio. Pequeños grupos de fantasmas esperaban su turno al borde del estrecho camino, para subirse a unos pequeños botes que una vez que completaban su cupo, avanzaban unos metros antes de hundirse y perderse bajo las aguas con todos sus ocupantes.
-¡Miau! ¿Qué es eso? ¿Por qué se suben a esas canoas? ¡Están todos más locos que yo!
-Pilef varias veces quiso subirse a uno de esos y cada vez que lo intenta yo lo detengo, miau, pero el hombre alto es muy fuerte y ya no tengo más fuerzas para luchar contra él, miau.
-¿El hombre alto? ¿Ese es el que se sube sobre tu humano? –preguntó Anitoh.
-Ese mismo, miau, allá está…
De repente a lo lejos una forma ocre se fue haciendo visible. Era inmensa y sus ojos eran dos cuencas vacías que aun así parecían clavar su mirada en los gatos. El espectro gigante sabía que el humano dormía y su horquilla no representaba ninguna amenaza. En cuanto al médico fantasma, era una cáscara vacía.
Pilef se acercó al ente y le apuntó con la horquilla directamente hacia el cuello pero el gigante rápidamente con una de sus manos largas y huesudas se la quitó de encima y con la otra rodeó el cuello de su víctima y lo elevó en el aire, suspendiendo su cuerpo sobre las aguas negras. La gata blanca sin pensarlo saltó sobre el espectro gigante y se aferró con todas sus pequeñas garras a la espantosa cabeza e hincó sus dientecitos sobre su mollera.
-¡Miau, está más loca que yo! –gritó la gata loca.
-¡Acá todos están más locos que vos! ¿Recién te das cuenta?
-¡Yo no sé por qué todos dicen que estoy loca, pero ésta me supera!
Mientras la gata loca y Anitoh se debatían, el espectro sacudió su cabeza y como Blaqui no se soltaba, la tomó por la cola violentamente con la intención de arrojarla sobre las aguas del río de los muertos. Anitoh le adivinó la intención a tiempo y corrió hacia sus pies y le mordió uno de los tobillos. La gata loca hizo lo mismo con el otro.
-¡Es muy fuerte! ¡Y muy amargo! –chilló la gata loca desesperada.
-¡Mirá, miau! ¡Pilef se soltó y está subiéndose a un bote! ¡Hay que despertarlo antes que se sumerja! –gritó Anitoh.
-¡Blaqui ya se nos adelantó, miau! –advirtió la gata loca al mirar hacia arriba.
Blaqui abrió sus ojos rápidamente y pudo ver claramente la sombra sentada sobre el pecho de Pilef. Se lanzó sobre ella pero su cuerpo la atravesaba, así que fue hacia su humano y le arañó la frente para hacerlo despertar a tiempo. Pero Pilef no reaccionaba. Pronto despertaron Anitoh y la gata loca pero por más que maullaban y trataban de espantar a la sombra espectral, ésta no se levantaba y seguía oprimiendo la respiración de Pilef. Los gatos observaban impotentes cómo se le escurría la vida. Y de repente, cuando el final parecía inevitable, una figura humana cubierta con una capucha azul se asomó por la ventana.
-¡A…nitoh! ¿Estás acá? ¡A…nitoh! ¡La comida está lista! ¿Dónde te metiste, gato vago?
Los tres gatos se dieron vuelta y vieron con sorpresa el rostro del estudiante Olech. “¡Miaaauuu! –maullaron todos a la vez y Olech se dio cuenta que sus amigos estaban en apuros. Rápidamente trepó por la ventana y pudo ver el terrible escenario. Un portador aniledense se estaba muriendo por causas sobrenaturales. Apoyó sus manos sobre el cuerpo agonizante y se puso a cantar y recitar palabras sagradas pero Pilef no reaccionaba.
-¡Es un demonio! ¡No vas a poder sanarlo mientras no lo saques de su cuerpo, miau! –le instó Anitoh.
-¡Uy, todavía no soy Bardo, yo no sé cómo sacar esas cosas!
-¡Se murió! ¡Se murió! –gritó desesperada la gata blanca.
-¿Blaqui habló en lengua humana? –preguntó sorprendida la gata loca.
¡Espera, aun respira! –dijo Anitoh. ¡Pero no le queda mucho, no hay tiempo para llamar a un Bardo!
-¡Por Awen! ¡No sé que hacer! –dijo Olech desesperado.
-¡Conjura un ángel! –gritó Blaqui.
-¿Un ángel? –preguntó el estudiante desconcertado.
-¡Los humanos antiguos los invocaban cuando estaban en apuros! ¡No me preguntes cómo lauchas lo sé, pero llama uno ya!
-¿Y cómo lo hago?
-¡Pronuncia su nombre! –le explicó la gata loca.
-¡Pero yo no conozco a ninguno!
-¿Cómo que no? ¡Y quién te cuida todas las noches mientras duermes y te protegía cuando eras un niño? –preguntó Anitoh.
-¡Ah! ¿Los guías de luz? ¿Las lucecitas simpáticas? ¿Pero esas cosas tan pequeñitas podrán combatir esta cosa? ¿No terminarán dañadas?
Anitoh miró serio a Olech y sin decir más nada le dio un fuerte cabezazo con su pequeño cráneo. De repente Olech sintió emerger un recuerdo de su linaje a través de la sangre y un nombre le vino a su conciencia.
-¡Mi!
-¿Mi…au? –preguntaron los tres gatos a la vez.
-¡Mijael! ¿Quién es cómo ella?
Y pronunciado aquél extraño nombre, una luz cegadora dulce al mismo tiempo iluminó por un fugaz instante la habitación en penumbras. Fue apenas un destello pero la claridad encendió todos los corazones allí presentes y en ese momento Pilef exhaló un fuerte suspiro y abrió los ojos.
-¿Quién era esa bella mujer sonriente? ¿O era un portador?
-¿Quién? –preguntaron los tres gatos y Olech miró a su alrededor si notar nada nuevo.
-¡El ser ese hermoso de luz que estaba al pie de la cama! ¡Y que echó un polvito de estrellas sobre la sombra que me estaba ahogando! ¿No la vieron? ¡Era como un hada gigante!
-¡Miau, no vimos nada! –dijo Blaqui.
-¡Has hablado! –dijo con gran emoción Pilef.
-¡Las malas influencias! –dijo la gata loca. Anitoh la miró confundido y entonces todos se rieron y suspiraron con gran alivio. La presencia maligna se había ido para siempre.

Publicado por Aniledah

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